Black Friday Fever
Ayer fue Black Friday, y por suerte este año no murió ningún empleado de Wal-Mart aplastado por la multitud de enfermos compradores, como sucedió el año pasado en la tienda de Valley Stream, NY. La otra buena noticia es que mi inbox descansará en paz, después de trabajar doble turno recibiendo montañas de emails con ofertas.
Desde estas latitudes, el Black Friday es algo difícil de entender. Se trata del primer viernes después de Thanksgiving, momento en el que todo el retail que se precie en US sale con ofertas MUY agresivas y doorbusters (productos gancho ofrecidos a pérdida para atraer compradores), generando un pico de ventas tan grande que puede definir si terminas el año arriba o abajo en revenues vs el año pasado.
Esta movida genera una fiebre entre los compradores, que salen desesperados a arrasar con las ofertas. Por eso en esta fecha, los Targets, Sears, etc, abren muy temprano y cierran muy tarde. La Nación de hoy indica que se esperaban 134 millones de compradores haciendo shopping, eso es mucha gente.
Es genial que los retailers de US hayan inventado una locura así, que mueva masas de dinero tan grandes. Sabemos que en fiebres de este tipo, muchos shoppaholics compran compulsivamente cosas que no necesitan, movidas emocionalmente por el miedo de arrepentirse de no haber comprado más, cuando los precios vuelvan a subir.
Lo que a mí me parece muy mala idea, y cuando viví en Estados Unidos me pareció increíble, es que siguen entrenando a los compradores a buscar las ofertas y esperar los deals. Para que nadie se olvide, tres o cuatro veces por año te dicen: “no me compres ahora a precio regular!! Esperá el SALE y lo vas a tener 30% OFF“.
En el Black Friday, todo el placer del shopping experience se tira a la basura. Toda otra razón que no sea “vení corriendo y comprá este LCD a un precio increíble antes que se termine” queda en un segundo plano. Será por eso que se llama black?






